Hay intervenciones donde la grandeza de un proyecto no se mide por la escala de sus estructuras, sino por la precisión táctil de sus elementos más íntimos. En la reciente rehabilitación residencial firmada por el estudio Architecture Benjamin Godiniaux en la campiña de Normandía, la búsqueda de un ambiente sereno sirvió de hilo conductor para seleccionar cada acabado, textura y punto de contacto.
Dentro de este ejercicio de interiorismo consciente, el pomo de diseño Colette se convirtió en la pieza clave para articular los frentes de armarios y el mobiliario de los cuartos de baño. La fuerza de este herraje reside en la simetría de sus proporciones y en una escala sumamente versátil, aspectos que facilitan su integración en tipologías de almacenamiento muy diversas sin perder elegancia.
Lejos de optar por una solución monótona, el proyecto explora las distintas variaciones de color de la gama Colette para enriquecer las estancias. Este matiz permite introducir pequeñas pinceladas cromáticas que dialogan con el juego de azulejos de cada zona, construyendo un hilo conductor visual que dota a la vivienda de cohesión y carácter propio.
El resultado demuestra cómo la cuidada elección del pomo de diseño Colette logra equilibrar estética y función, aportando esa pincelada distintiva que transforma por completo la percepción del espacio.